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ACADEMIA FILOSOFICA HEBREA SINAI
Blog de sinai
21 de Enero, 2008 · General

LA ECONOMIA UNA FORMA DE PODER Y PAZ

Poder económico dominante: las 500 mayores trasnacionales
Estados Unidos sigue siendo la potencia dominante en términos del mayor número y porcentaje de trasnacionales entre las 500 mayores, con 227 (45 por ciento), seguido por Europa occidental con 141 (28 por ciento) y Asia con 92 (18 por ciento). Tres bloques regionales de poder controlan 91 por ciento de las mayores trasnacionales. De modo abrumador, la "globalización" puede verse como un derivado de la capacidad de las trasnacionales basadas en estos bloques de poder para mover capital, controlar el comercio, el crédito, el financiamiento y el entretenimiento.
Casi tres cuartas partes de las grandes instituciones corporativas se ubican en la esfera de poder Europa-Estados Unidos. Si bien los consorcios asiáticos tienen una presencia cada vez mayor y son un posible desafío para las próximas décadas, a plazo corto y mediano predomina el eje euroestadunidense. El auge de China e India y la recuperación económica de Japón reflejan el crecimiento del capitalismo endógeno y la expansión y conquista de mercados económicos por las trasnacionales euroestadunidenses. América Latina, Medio Oriente y Africa tienen un total de 11 entre las 500 mayores. En América Latina sólo Brasil y México poseen multinacionales de clase mundial, en tanto Africa tiene cero y Arabia Saudita controla cuatro de las seis de Medio Oriente. Rusia, después del colapso catastrófico con la transición al pillaje capitalista, sólo cuenta con siete.
Los continentes y países que tienen menor desarrollo de trasnacionales de clase mundial han estado bajo el dominio de los consorcios euroestadunidenses y sus estados imperiales. La incapacidad de acumular capital endógeno bajo regímenes clientes que sirven a las trasnacionales euroestadunidenses es causa fundamental del continuo pillaje de recursos, transferencias de ganancias a bancos líderes (ubicados entre las 500) y el proceso general de desacumulación. Las pocas grandes multinacionales que aparecen en Rusia y América Latina son en su mayor parte empresas estatales privatizadas, resultado de ahorros e inversiones públicas de anteriores regímenes estatistas capaces de limitar la presencia de las trasnacionales euroestadunidenses.
Un examen más cercano a la "punta" de las trasnacionales gigantes ilustra la mayor concentración del poder en Estados Unidos. Entre las 10 mayores, 80 por ciento son estadunidenses y 20 por ciento europeas. Entre el 20 por ciento más alto, 75 por ciento son estadunidenses, 20 por ciento europeas y 5 por ciento japonesas. Entre las 50 principales, 60 por ciento son estadunidenses, 32 por ciento europeas, 6 por ciento japonesas y 5 por ciento de otras regiones. La mayor concentración del poderío estadunidense está entre las mayores trasnacionales, y se da mayor competencia a medida que se desciende hacia las filas inferiores.
Estados Unidos posee las mayores trasnacionales en la industria (General Electric), petróleo y gas (Exxon-Mobil), software y servicios de cómputo (Microsoft), productos farmacéuticos (Pfizer), banca (Citicorp), comercio minorista (Wal-Mart), seguros (American Internacional Group) y hardware de tecnología de información (Intel). La capitalización total de esos gigantes es de un billón 979 mil millones de dólares.
Quienes escriben sobre la "decadencia" del imperio estadunidense pasan por alto el poderío mundial consolidado de sus ocho mayores trasnacionales. Lo que se llama "globalización" es en realidad concentración extrema y extensión del poderío estadunidense, o al menos de un imperio euroestadunidense, complementado con el gradual surgimiento de consorcios asiáticos. Sin embargo, más allá de las 500 mayores firmas, la preponderancia de las trasnacionales estadunidenses se ha reducido y las euroasiáticas se han vuelto un desafío. Más allá de las 100 mayores, los consorcios europeos y asiáticos se vuelven importantes operadores del sistema imperial rebasando sus tradicionales fronteras regionales y entrando selectivamente en competencia con los estadunidenses en la economía de sus países de origen.

En primer lugar el conflicto es inevitable en toda sociedad humana ya sea ésta natural o política. Por lo demás, el conflicto entre Estados es inevitable puesto que como muy bien dice Gustavo Bueno, todo Estado implica una expropiación de la tierra con respecto a los demás. Todo Estado implica así la existencia de otros Estados que se oponen a él. La conflictividad es esencial a la existencia de la sociedad. Por lo demás, «la paz finalmente no es más que un estado excepcional en la sociedadLos Estados se hallan en estado de naturaleza. Hobbes lo deja muy claro en el Leviatán, referencia obligada para todo materialista: «Aunque ni siquiera haya existido nunca tiempo alguno en que los individuos particulares se hayan encontrado en una situación de guerra unos con otros, queda el hecho de que, en todos los tiempos, los reyes y las personas dotadas de una autoridad soberana se han encontrado animados a causa de su independencia, por una emulación continua y se han encontrado también en el estado y en la situación de los gladiadores: sus armas están apuntando y sus ojos fijos, unos sobre otros; yo quiero hablar de sus fuertes, de sus guarniciones y de sus cañones apostados en las fronteras de sus reinos, y de sus espías vigilando constantemente a sus vecinos; lo que es una actitud bélicaIgualmente Espinosa sostiene tesis parecida al respecto: «Cada una de las ciudades unidas por un tratado conserva el derecho de proveer a sus intereses y cada una, en su consecuencia, se esfuerza tanto como puede por liberarse del temor y recuperar su independencia, así como también por impedir que el otro no resulte más poderoso. Si, pues, una ciudad después de haber sido engañada, no es a la ley de la ciudad confederada, sino más bien a su propia estupidez a la que puede condenar, ya que ha entregado su salvación a otra ciudad independiente, para quien la salvación del Estado es la ley suprema Aquí «ciudad» significa sociedad política. Más adelante, con mayor crudeza aún declara: «si un soberano ha prometido hacer por otro cualquier cosa y que, luego, las circunstancias o la razón parecen mostrar que esto es perjudicial para la salvación común de los súbditos, está obligado a romper el compromiso que ha aceptadoSiempre se ha distinguido entre el orden intraestatal y el orden interestatal. Los filósofos clásicos lo sabían y lo tenían en cuenta en sus consideraciones teóricas. Decía Locke a este respecto: «Los hombres, viviendo juntos de acuerdo con la razón, sin ningún superior común sobre la tierra que tenga autoridad para separarlos, he ahí auténticamente el estado de naturaleza. Pero la fuerza, o la intención deliberada de emplearla contra la persona del prójimo, allí donde no existe un superior común sobre la tierra al que pueda recurrirse para pedirle socorro, ese es el estado de guerra; y, aun contra un agresor, es la ausencia de semejante recurso la que le da al hombre el derecho de guerra, y ello aunque se encuentre en sociedad y se trate de un conciudadanoLa humanidad no existe, sólo existen bandas, grupos, partidos, Estados y mientras la humanidad siga sin existir, subsistirá una diferencia esencial entre la política interior y la política exterior. En el interior del Estado el poder político ostenta el monopolio legítimo de la violencia. En la escena internacional hay una pluralidad de centros de poder político.

Por lo demás, siendo verdad que la esencia de lo político es la distinción entre amigo y enemigo, resulta que la guerra constituye el acta de nacimiento de la civilización, de la sociedad política. La mejor prueba de esto es que en medio del pluriverso político de Estados, «todas las civilizaciones llamadas superiores han hecho una distinción entre los miembros de la tribu (o de la ciudad o del Estado) y en el extranjero, así como entre las distintas clases de extranjeros

La guerra es la situación normal en la Historia. Es innegable la influencia de la guerra en el desarrollo de la civilización.

Los Estados siempre se han comportado de la misma manera. Siguen en la actualidad comportándose como se han comportado a lo largo de la Historia. Además, «Ningún sistema internacional ha sido jamás igualitario, ni puede serlo

La guerra forma parte de la civilización, de la naturaleza humana. «La verdadera razón de la perpetuidad de las guerras en la humanidad se desprende de la esencia de lo políticoSi la guerra es un fenómeno necesario en la Historia, carece entonces de todo sentido el intentar justificarla o censurarla. No hay guerras ni justas ni injustas. Hay guerra en el mundo igual que hay mal en el mundo.

Además, la paz no es en sí misma un valor superior en sí mismo. Son más importantes que la paz la libertad, la verdad, la dignidad.       TZVI PEKER


 

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publicado por sinai a las 15:14 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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