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ACADEMIA FILOSOFICA HEBREA SINAI
Blog de sinai
22 de Diciembre, 2007 · General

EL TIEMPO

En la historia de la filosofía vemos aparecer ya la reflexión sobre la naturaleza del tiempo en sus mismos inicios entre los presocráticos. La filosofía presocrática puede seguirse como un proceso de consolidación del enfrentamiento entre naturaleza y lenguaje, entre lo que las cosas son por sí mismas y lo que las cosas son en tanto que dichas en un lenguaje que presenta problemas a causa de su convencionalidad. Si se tiene en cuenta que aquello que se problematiza, la naturaleza (NbF4H, physis), no tiene un carácter estable sino que es visto como algo en constante cambio, se puede entender que el tiempo se presenta siempre como algo ligado a este devenir de los acontecimientos, y que el lenguaje lo que pretende es llegar a mencionarlo en su constante cambio. Los textos más representativos de esta concepción son seguramente los de Heráclito, cuando emplea en ellos, entre otras, esta denominación para su principio del devenir de todas las cosas (ver textos ). Pero ya el primer texto filosófico conservado de Anaximandro (ver texto ) relaciona la pregunta por la totalidad de lo existente con el tiempo, que es el que -según este fragmento-, impone el orden, es decir, el que permite que exista el cosmos. De esta manera, ya desde los inicios de la filosofía, la pregunta por el sentido del mundo y del ser remite al tiempo. También podemos incluir a Parménides en este uso presocrático del tiempo, puesto que la eternidad de su ser no se concibe como un devenir infinito, sino precisamente como la ausencia de todo devenir, la ausencia, en definitiva, de tiempo.

Parménides, al declarar que «el ser no fue ni será, sino que es, a la vez, uno, continuo y entero», formula la primera noción de eternidad (ver texto ), mientras que otro eleata, Meliso de Samos, al declarar que el ser siempre es, siempre fue y siempre será, formula la noción de sempiternidad. En cualquier caso, el problema del ser se plantea conjuntamente con la cuestión del tiempo, lo que no es ajeno al uso de la noción de sustancia (ousía), entendida como presencia. Este planteamiento que vincula el ser al tiempo y, en especial, a la presencia, reaparece en Platón.

 

 

Platón

Para Platón el tiempo es una imagen móvil de la eternidad, imita la eternidad y se desarrolla en círculo (concepción cíclica del tiempo) según el número. Considera que el tiempo nace con el cielo, y el movimiento de los astros mide el tiempo. Así, lo que es, es una participación en el Ser según el tiempo (ver texto ). En la medida en que el conocimiento verdadero nos permite conocer las Ideas inmutables y eternas, la palabra que las designa es una representación de la eternidad en el tiempo. La concepción platónica, pues, hace depender no sólo el mundo físico del mundo de las ideas, sino que, coherentemente con esto, hace depender el tiempo de la eternidad. Al relegar Platón el tiempo del devenir de las cosas al despreciado plano de lo sensible, de lo no plenamente real, y al afirmar el carácter eterno del mundo ideal, con frecuencia

se lo sitúa, a este respecto, en línea de continuidad con Parménides. Pero no debe olvidarse el carácter fundamental del paso dado por Platón en textos como el Timeo: el tiempo del devenir de lo sensible viene a ser algo así como el despliegue de la eternidad que caracteriza al mundo de las ideas. La eternidad deja de ser la mera negación de la temporalidad para convertirse en su fundamento: desde el punto de vista del mundo inmutable de las ideas, la eternidad constituye un tiempo ya dado en su totalidad, cuyo desarrollo da lugar a la apariencia sensible del tiempo.

 

 

Aristóteles

Aristóteles, en sintonía con la globalidad de su programa filosófico, suprime la distinción entre la realidad y la apariencia del tiempo: no tiene sentido explicar la physis a través de algo que está más allá de ella. De ahí que la eternidad de la que habla Platón pase a corresponderse con el suceder del tiempo susceptible de percepción. Ahora bien, lo que da lugar a la percepción del tiempo es el movimiento, de modo que el tiempo no puede concebirse sino como algo consustancial al mismo (ver textos ). De esta manera, Aristóteles acomete el análisis del tiempo con muchas precauciones, y declara que es un tema harto difícil.

Para abordar la cuestión del tiempo, su naturaleza y estructura, Aristóteles lo vincula al movimiento, pero lo separa de éste, ya que un movimiento puede ser rápido o lento, mientras que esto no tiene sentido decirlo del tiempo, ya que la rapidez o lentitud lo son respecto de él. El tiempo, dice, es algo que pertenece al movimiento, es el número del movimiento según lo anterior-posterior.

El tiempo no es, pues, un movimiento, pero no existiría sin él, ya que solamente existe cuando el movimiento comporta un número. Ahora bien, el problema es si existiría el tiempo sin el alma ya que, si no existe nada que verifique la operación de numerar, nada habría susceptible de ser numerado y, por tanto, tampoco habría número ni tiempo. De esta manera, no puede haber tiempo sin el alma. De hecho, no sólo la posición aristotélica deja muchos interrogantes sin contestar, sino que, a veces, Aristóteles elude realmente enfrentarse a ellos. Así, por ejemplo, se pregunta si el tiempo debe colocarse entre los seres o entre los no-seres, y su respuesta es ambigua; a veces lo considera como una categoría, pero a veces lo considera como un pospredicamento; declara que es el número del movimiento, pero no depende sólo de éste, sino que depende también de un alma que numere, etc. Consciente de la dificultad del estudio del tiempo Aristóteles mismo plantea algunas de las principales aporías que esta noción engendra. Así, por ejemplo, estudia la noción de instante, al que declara, respecto del tiempo, análogo al punto respecto del espacio, es decir, el tiempo no se compone de instantes, de la misma manera que una línea no se compone de puntos, pero ambos conceptos expresan una noción de límite (ver texto ), en el cual se anulan las características propias del tiempo y del espacio (un instante no dura, como un punto no tiene extensión). Ambos, instante y punto, son, a la vez, unión y separación. Esta analogía entre el instante y el punto, así como la concepción del tiempo en función del movimiento, nos revela la íntima conexión entre el tiempo y el espacio. Por otra parte, al igual que la estructura del espacio (coexistencia), la estructura del tiempo (sucesión) es considerada continua por Aristóteles. De la misma manera, lo concibe como infinito (no en acto, sino en potencia) (ver texto ). También plantea los problemas de las relaciones entre el pasado (que ya no es), el futuro (que todavía no es) y el presente que, en la medida en que continuamente está fluyendo y no puede detenerse en un instante que posea una duración, tampoco es propiamente. Así, la cuestión del tiempo nos remite a las paradojas de lo uno y lo múltiple, y de la identidad y la diferencia.

Con el aristotelismo nace una nueva concepción del tiempo, pues pasa de ser considerado un efecto de los acontecimientos (son estos los que lo delimitan) a ser el marco infinito previamente dado que los contiene y que podemos considerar, por tanto, que forma parte de la explicación que a priori puede darse de la physis, del movimiento. En definitiva, Aristóteles acaba por concebir el tiempo como el movimiento total e infinito, eterno, como marco en el que los acontecimientos particulares, finitos, pasan a poder ser concebidos como partes.

Dicha concepción aristotélica es la que está en la base de las dos grandes formas de interpretar el tiempo:

  • 1) una lo enfoca desde una perspectiva física (el tiempo como medida del movimiento) y la otra,
  • 2) desde una perspectiva psicológica (no habría tiempo sin un alma que midiera o, lo que es lo mismo, no habría propiamente tiempo sin conciencia).

Por su parte, los estoicos insistieron en el carácter cíclico del tiempo a partir de su concepción del gran año cósmico que culmina en la ecpirosis, para volver a recomenzar indefinidamente en un eterno retorno.

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publicado por sinai a las 18:25 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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